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EL DIARIO MONTAÑES
La plegaria de Chernobyl
CULTURA  / Escena

La tragedia que no cesa

La Sala Medicina acogió la representación de 'La plegaria de Chernobyl', para que la catástrofe nuclear más trágica de la historia «no se pierda en el olvido»

FERNANDO LLORENTE.

Fue en la XIII Muestra Internacional de Teatro Contemporáneo cuando Tanttaka Teatro y Moma Teatre presentaron la obra 'Nacidos culpables', basada en entrevistas realizadas por Peter Schirovski, con los que ambas compañías dieron forma a un espectáculo que se fundaba en una sucesión de testimonios expuestos, a cara de perro frente a una pantalla, a la consideración de un espectador, implicado en el montaje, al que se dirigían personas a quienes el azar les puso en este mundo como hijos o nietos de figuras con responsabilidades criminales durante el nazismo. Unas personas con la cruz (gamada) a cuestas, devenidos personajes teatrales. Descendientes de una tragedia que culminó en Auschwitz. En base a testimonios recogidos en vivo por la escritora ucraniana Svetlana Aleksiévich de personas directamente afectadas por la catástrofe nuclear más trágica de la historia, la 17ª edición de la Muestra ha ofrecido 'La plegaria de Chernobyl', a cargo de Producciones Viridiana y Teatro Che y Moche, representación que tuvo lugar el pasado jueves, día 7, en la Sala Medicina, tras la tan inesperada como extraña suspensión por parte de Caja Cantabria --corresponsable, con el Aula de Teatro de la Universidad de Cantabria, de la Programación de las últimas ediciones de la Muestra- de cuantos espectáculos estaban contratados para el mes de diciembre en su Centro Cultural...Fue también la compañía oscense Producciones Viridiana la que, en mayo de 2005 y en la misma Sala Medicina, puso en escena 'Un día, una hora', en base a una selección de cuentos entre los 50.000 que los niños le procuraron al titiritero argentino Javier Villafañe durante sus cuatro años de recorrido (1978-1982) por tierras de Castilla La Mancha y Aragón. Aquel espectáculo ponía desde el principio en los labios del espectador una sonrisa que mudaba su aspecto según el sentido profundo -ternura, belleza, rabia, ingenuidad, angustia, tristeza - hasta el que cada cuento hundía la palabra, pero que en ningún momento dejaba de ser sonrisa, y lo suficientemente segura de sí misma como para compadecerse con una lágrima, llegado el caso. Que llegaba.SIN OPCIÓN A LA SONRISA. Para la puesta en escena de los testimonios ofrecidos por las víctimas de Chernobyl, Jesús Arbués, responsable de la dramaturgia y de la dirección, recurre, en parte, a fórmulas ya usadas en 'Un día, una hora', en ese momento en el que se suceden dolidas confesiones, que los actores transmiten seguidas del nombre y oficio de quien las pronunció. Pero a diferencia de los cuentos firmados por niños, que el propio Jesús Arbués dirigió, no dejan una opción a la sonrisa. Porque lo que se cuenta en 'La plegaria de Chernobyl' no es un cuento para adultos con sentido del humor, como quería serlo 'Un día, una hora'.'La plegaria de Chernobyl' es el relato de un drama, de una tragedia. Son muchos los textos no concebidos ni escritos para la escena a los que se somete a una transformación teatral. Y bien puede ocurrir que un texto, cuyo contenido sea de un hondo dramatismo, sin embargo ofrezca más de una resistencia a ser tratado como texto dramático, si bien no se me escapa que desde hace tiempo se viene considerando impertinente la división de los textos en géneros literarios, lo que no es garantía de que desaparezcan las dificultades a la hora de hacer el trasvase de lenguajes y recursos de unos géneros a otros. En lo que se refiere a 'La plegaria de Chernobyl', cabe distinguir dos partes, equilibradamente proporcionadas. Una primera en la que un narrador ambienta la palabra de unas víctimas, que sin otro recurso que la voz del actor -ya sé que no es poco, que en casos así es todo- cuenta su experiencia tremenda, y que conmueve, como conmovería su lectura a un lector concienciado y, sobre todo, sensibilizado. En esa primera parte el texto se interpreta -se lee, y muy bien-, más que se representa. La situación escénica experimenta un giro hacia lo propiamente teatral cuando el narrador se incorpora al coro que se lamenta y denuncia con las voces de unos cuerpos en movimiento. Entonces, la tragedia de Chernobyl se dice y, además, se representa. Entonces, el espectador ve teatro. Y lo ve con su lenguaje y sus recursos: la luz, que esculpe con piedad figuras destrozadas, o esa mesa, que es también sillas y cuna. Y tumba. Y la música en directo del acordeón, cuyas notas melancólicas por lo que ya no será apagan la nostalgia por lo que ya no es. Y un trabajo actoral convincente, por el que la palabra actúa. Son especialmente emotivas las escenas del niño desfigurado, que es casi todos los niños nacidos y por nacer en Chernobyl, que no puede contar un cuento como los niños de 'Un día, una hora', pero en el que se apiñan la angustia, el absurdo, la tristeza, la rabia, la maldad ajenos a él, y que callados están dichos, pero también la ternura, el amor, la ingenuidad, la sencillez, la belleza de la inocencia que le expresa. Más allá de la denuncia los de Producciones Viridiana y Teatro Che y Moche se han propuesto que la tragedia de Chernobyl no se pierda en el olvido, a fuerza de abundar en testimonios que detallan el mismo detalle, como el profesor que repite los mismos datos y conceptos para que el alumno los retenga en su memoria. Pero su trabajo lleva más allá la denuncia: se ponen en la picota las ideas, que pervertidas en ideologías justifican, cuando no niegan, las atrocidades, que la ambición y la locura humanas originan, bajo el señuelo de los ideales. Como pone al descubierto la frivolidad de quienes acuden, por ejemplo, a contemplar, sin ser pirómano ni bombero, un edificio emblemático destruido por las llamas; o un encuentro papal, no importa si siendo creyente o ateo; o Auszwitz, sin ser judío o nazi. Basta con que se venda como espectáculo, gozoso o doloroso, da igual, y los medios de comunicación son sus más destacados promotores. También hay visitas programadas a Chernobyl (qué emoción ponerse ese traje tan astronáutico). El negocio está asegurado. Han pasado tan sólo 20 años de aquella tragedia que no cesa. Quedan aún otros casi 50.000 años para que los 150.000 kilómetros cuadrados, un área que abarca Castilla La Mancha y Andalucía, recuperen sus niveles normales de radiación. Trabajos como el de Producciones Viridiana y Teatro Che y Moche contribuyen a mantener la memoria y a afinar la sensibilidad.

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